sábado, 1 de agosto de 2009

Submarinismo en "La Gran Barrera de Coral"




Tres días en barquito. Inmersión tras inmersión y con poco tiempo para descansar. Pero pese a que hemos acabado agotados y pese al tiempo que no ha acompañado todo lo bien que debería, ha sido una experiencia increíble.

El primer día tuvimos dos inmersiones por la mañana y en la primera inmersión pudimos ver una tortuga marina. Fue algo emocionante, no es algo que se pueda ver con mucha frecuencia por desgracia, así que nos quedamos embelesados contemplándola durante largo rato.
Yo me llevé un pequeño sustillo tonto cuando descendía porque de pronto me topé de bruces, cara a cara que me apareció por detrás, con Wally. Un “pececillo” más largo que mi brazo y con una cabeza casi más grande que la mía, inofensivo eso sí, pero el susto me lo llevé :p



En la segunda inmersión fue mejor. Aparte de los tropecientos mil pececitos que vimos, los corales, “Nemos” pez payaso para ser más concretos y tortugas marinas, pudimos ver un tiburón de coral de puntas blancas. Estos tiburones no son muy grandes, metro y medio como mucho, pero son preciosos igualmente. Porque íbamos con guía si no… Pero qué guays, por fin pude ver un tiburón en su propio habitad.



Por la tarde nos cambiaron de barco. Uno más grande y con camarotes bastante confortables. La comida bastante bien y copiosa. Lástima que Carlos y yo no andábamos muy bien del estómago.
Tocaba la tercera inmersión, poco tiempo para descansar pero había que aprovechar y disfrutar nuevamente de esas maravillas del fondo marino. Nuevamente cogimos un guía pues yo no me sentía aún segura como para ir por nuestra cuenta.
Es increíble la cantidad de vida que te puedes encontrar ahí abajo. Es como una gran ciudad con los corales como urbanizaciones. La cantidad de colorines que se pueden ver, tanto de los corales como de los pececillos y no tan pececillos. Lástima que la cámara no pueda mostrar todos los colores que nosotros si podíamos ver.
Tras la tercera inmersión, un pequeño descanso, cena y nuevamente otra inmersión, pero en esta ocasión, la nocturna.
Cogimos por supuesto un guía y ahí nos metimos en las aguas oscuras. Según descendíamos pude ver gracias a la luz del barco que iluminaba gran parte de la superficie que le rodeaba, varios tiburones merodear. Ya nos lo habían dicho los instructores. Debido a la luz potente que encendía el barco, muchos peces se acercaba atraídos y esto a su vez atraía a los tiburones que aprovechaban la comida fácil.
Pese a las linternas que llevábamos, no muy grandes la verdad, varios peces de tamaño considerable nos perseguían atraídos por el foco. De vez en cuando en medio de esa oscuridad te pegaban algún sustillo cuando alumbrabas hacia un lado y de pronto te encontrabas con su cara cerquita de la tuya. Era divertido vacilarles con la linterna.
Yo como había prestado mucha atención en cuanto escuché la palabra mágica “Shark” durante la explicación previa a la inmersión, me quedé con la copla de donde estaban y lo primero que le dije a nuestro guía fue que quería ver tiburones.

Mucha gente puede pensar que estoy loca por querer ver tiburones y el peligro que puede conllevar. Y es que sí, puede que esté loca no lo discuto, pero aprecio mi vida. Y aunque pueda cometer locuras en mi vida, no soy una temeraria inconsciente. Hay muchos que juntarían” ver tiburones” con” temeridad”. Soy una amante de los tiburones. Son muchos los artículos, libros y documentales que he visto sobre los escualos. Y una cosa puedo decir, no son esos asesinos que la gente cree (para eso ya está el hombre). Dentro de la familia de los escualos, son muchísimas las especies (creo recordar que más de 400) y dentro de toda esa familia, solamente unos 10 podrían resultar peligrosos. Y en este caso, los tiburones que pudimos ver no eran Tiburones Blancos que aunque es mi animal favorito, por supuesto no me hubiera metido al agua si no hubiera una jaula de por medio :p. En este caso era unos hermosos tiburones grises de coral. Así que tras estar un rato por el fondo marino contemplando los pececillos que se cruzaban ante nuestros focos, ascendimos un poco y nos quedamos a unos 7 metros por debajo de la luz del barco para poder contemplar a estos hermosos tiburones de unos 2 metros surcar el agua por encima de nuestras cabezas. Carlos y yo flipamos con esa experiencia que además pudimos grabar en vídeo 

Un pequeño avance.




Después de la inmersión nocturna tocaba el postre. Nos pusimos hasta arriba de Gelatina y helado.
Al día siguiente tocaba inmersión a las 6 de la mañana, pero con el cansancio que teníamos nos la saltamos. Pero no es que durmiéramos mucho más, a las 7 en pie, desayuno y nuevamente inmersión.
En esta ocasión, viendo que la visibilidad era buena y los corales formaban muros que se podían seguir con facilidad, decidimos ir sin guía pues tarde o temprano era algo que había que empezar a hacer.
Disfrutamos muchísimo yendo a nuestro aire y nos tuvimos problemas en regresar al barco pese a no llevar brújula. Aparejo que veo indispensable que den con el equipo, pero bueno, ya nos compraremos uno o se lo pediremos a los reyes :p



Hicimos el resto de las inmersiones del día sin guía, incluso la nocturna, aunque en este caso no nos aventuramos lógicamente muy lejos del barco. El día de todos modos estaba muy feo y el mar algo picado, así que como tan solo estábamos interesados en los tiburones, nos agarramos a la cuerda e hicimos un descenso cogidos de la cuerda en todo momento esperando para ver algún tiburón pasar. Pero esa noche no hubo suerte, como ya he dicho el mar estaba algo picado y la visibilidad era muy mala así que no tardamos mucho en subir a superficie.
Al día siguiente nuevamente nos saltamos la inmersión de las 6 y nos esperamos a la de las 8. En esta inmersión nos llevamos un “pequeño” susto. Quizás si hubiéramos llevado brújula no nos hubiera pasado.
Resulta que en principio íbamos a seguir un muro de coral, avanzar un rato hasta que nos quedaran unos 100 bares y luego retroceder siguiendo el muro por donde habíamos venido. Pero no sé en qué punto cogimos otro muro distinto y nos fuimos hacía otra dirección.
En este dibujo aclaro lo que nos pasó. Lo raya verde representa lo que tendríamos que haber hecho. La roja fue lo que hicimos.



El susto fue cuando avanzábamos y comenzamos a ver que cada vez la zona era más profunda y eso no concordaba con el lugar por el habíamos pasado. Tras un rato avanzando y ver que no veíamos la cuerda ni el barco, nos comenzamos a inquietar. Carlos además contaba con tan solo 60 bares de oxígeno (empezamos con 200 y 50 significa números rojos). Así que acabamos sacando la cabeza fuera y vimos que el barco se encontraba al otro lado de la barrera de coral.
Ascendimos a una profundidad de 5 metros para poder ahorrar aire y avanzamos rodeando el muro de coral esperando poder encontrar el final para bordearlo e ir al barco, pero no dábamos con ello. Carlos me hizo la señal de que le quedaban 50 bares y me comencé a inquietar muy mucho. Como no encontrábamos el fin de la barrera buscamos un hueco por encima y nos decidimos a pasar con el consiguiente riesgo del mar que estaba algo revuelto. Si por la zona que pasábamos no era lo suficiente profunda , las olas nos podían coger y zarandear por el coral. Pero había una zona de metro y medio de profundidad más o menos así que hacia allí nos fuimos. Yo pasé primero con muchísima preocupación de no darme con el coral pues el dañó podía ser considerable y de mantenerme lo suficientemente metida en el agua como para que la ola no me pillara y me arrastrara. Me costó un poco salir de encima del muro de coral pues la corriente me llevaba hacia atrás y me impedía avanzar, pero finalmente salí. Carlos pasó por encima del muro sin mayor problema.
Por fin teníamos a unos 30 metros el barco delante de nosotros. Carlos con 30 de oxígeno, yo con 60. Me quité el regulador de la boca porque de los nervios estaba hiperventilando, así que preferí tragar agua pero nadar hacia el barco cogiendo aire libre. Llegamos por fin al barco exhaustos pues los últimos metros fueron nadando por superficie con olas y eso cansa bastante más que si vas bajo el agua.
En estos casos si uno ve que se queda sin aire, como no es muy lejos lo que te da tiempo avanzar del punto d inmersión, simplemente sales a la superficie, inflas la salchicha que va con el chaleco y señalas donde te encuentras. Acto seguido salen a buscarte con la lanchita que tiene preparada.
Pero con esta experiencia el susto me lo llevé y así nos pasó en la siguientes inmersiones, yo me acobarde y le dije a Carlos que cerquita del barco y donde pudiera ver el cabo del ancla. Y es que por eso digo que llevar una brújula, debería ser imprescindible con el equipo, pues si llegamos a llevar brújula, no nos hubiéramos desorientado.
Pero bueno, esto quedará como algo anecdótico e imagino que a todo submarinista le habrá pasado algo parecido al principio.
La gran barrera ha sido una experiencia increíble, nos ha encantado y el submarinismo cada vez nos gusta más ;)

1 comentario:

  1. Sonia, se me ha subido el corazón a la garganta con vuestra experiencia: perdidos en la barrera de coral, menos mal que todo acabó bien, pero vamos..., con la narración me has hecho vivirlo, le voy a decir a la osteópata que refuerze la sesión porque cuando lleguéis a Madrid os voy a contracturar un pelín más de lo que lleguéis.

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