lunes, 24 de agosto de 2009

Camboya (sí, donde estuvimos hace ya 1 mes)

Nos faltaba por rellenar en el blog ese breve paréntesis de 3 días entre Tailandia y Vietnam, que pasamos en Camboya, hace ya lo que parece un siglo y medio.

Camboya es un pequeño reino (el rey es rey "porque-yo-lo-valgo") con una larga historia de conflictos internos (dictaduras, guerras civiles) y externos (han sido invadidos varias veces por distintos países de forma consecutiva), y que lleva relativamente poco tiempo en paz.


Nuestro objetivo allí era visitar Angkor, un enorme conjunto de antiguos templos perdidos en medio de la selva, que parecen sacados de una película de Indiana Jones. Los templos se construyeron entre los siglos IX y XV, y se encontraban en la ciudad del mismo nombre, que apenas contaba con un millón de habitantes, en una época en la que Londres presumía de alcanzar los cincuenta mil.


De la ciudad solamente quedan en pie los templos, ya que según las creencias del imperio Khmer, solamente los dioses tenían derecho a morar en casas de piedra, así que del resto de la ciudad, construida en madera, no queda absolutamente nada.

Los templos fueron "redescubiertos" a finales del siglo XIX por una expedición francesa (entre comillas: unos monjes budistas tenían allí su monasterio, y exploradores portugueses los habían encontrado 200 años antes).

En cualquier caso, los templos son espectaculares, nos resultaron especialmente atractivos aquellos que no estaban completamente restaurados y seguían medio devorados por la selva. No todos los días se ven árboles de 20 metros surgiendo como champiñones de lo alto de un muro de piedra.


Nuestra querida Lonely Planet recomendaba como mínimo absoluto 3 días para explorar la zona, idealmente 5 e incluso sugerían quedarse una semana… Nosotros todavía nos estamos preguntando a qué se dedicaba el autor a partir del tercer día, sobre todo teniendo en cuenta la graaaaan variedad de actividades a hacer en Siem Reap. A no ser que realmente se tenga un gran interés en la historia y la arquitectura de los templos, o si te da por hacer las visitas a pie (más sobre eso luego…), con 2 días se tiene suficiente para ver la gran mayoría de los templos de interés para el "turista estándar".

El caso es que aterrizamos un viernes por la noche en la Ciudad de Siem Reap, al norte del país y que se utiliza como campamento base para explorar los templos, que están a unos escasos 6 kilómetros de distancia.

El hotel envió a recogernos al aeropuerto un tuk-tuk. El conductor, cuyo nombre sonaba algo así como "Ahrun", se convertiría en nuestro guia-chofer durante los próximos días, y con quien tuvimos oportunidad de practicar el noble arte de regatear las tarifas (estamos seguros que él salió ganando por goleada).


Tras un breve recorrido llegamos al "Mom's Guesthouse" donde nos ibamos a alojar. No pintaba nada mal el sitio, y tras quedar con nuestro taxista a una hora para el día siguiente nos fuimos a dormir.

Nos llamó mucho la atención ver que había varias personas, incluido Ahrun, que dormían en la puerta del hostal, a la intemperie, con la única protección de una mosquitera con forma de tienda de campaña para evitar las picaduras (toda Camboya es zona de riesgo de malaria).

El primer día de templos fue muy intenso, y gracias al tuktuk, que nos llevaba a un templo, nos esperaba, y nos llevaba al siguiente, pudimos aprovechar y ver un montón de sitios.


Nuestro primer contacto fue Banteay Srei, un pequeño templo construido con piedras rosadas y lleno de tallas y relieves hasta el último milímetro.


Después siguieron otros como Ta Som, nuestro primer contacto con un árbol-subido-encima-del-muro, o Preah Neak Pean, situado en medio de la reserva de agua que abastecía la ciudad, y con una piscina en su zona central (llena en la temporada de lluvias), y del que la Lonely comentaba que sería un diseño ideal para la piscina de un hipotético Hotel Camboya en Las Vegas.


Preah Khan fue el siguiente templo que visitamos y uno de los que más nos gustó. Enorme, lleno de piedras caídas, nos tomamos nuestro tiempo en ir recorriendo sus pasadizos e imaginándonos cómo tenía que haber sido en su día.


No tardamos mucho en darnos cuenta de que a los niños que corrían detrás de ti ofreciéndote postales, pulseras y libros, les hacía más felices un chicle o un caramelo, que comprarles algo. Ese mismo día por la noche Sonia compró una bolsa de mentos para poder repartir unas sonrisas al día siguiente.


Hablando del tema resultaba chocante ver tal cantidad de niños de todas las edades siguiendo a los turistas. Por lo visto es una de las formas que tienen las familias de obtener algo de dinero para que puedan pagarse la escuela (además de aprender idiomas, raro era el que no chapurreara español o francés, además de inglés…).


Según habíamos leído, al menos así podían asistir la mitad de los días a clase (se paga diariamente)… una media mucho mejor que tantos otros lugares con estos niveles de pobreza.


Tras una breve parada para ir a comer en un restaurante-para-turistas (aka, comida mala y cara), nos dirigimos al templo más famoso e icónico de Angkor: Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo.


La foto que tiene desde fuera es espectacular, pero nos decepcionó un poco cuando entramos a explorarlo. Paradójicamente, está tan bien cuidado, restaurado y conservado que nos pareció que perdía parte del encanto que tienen otros templos en peor estado.


Llevaba unas horas amenazando lluvia, y finalmente algo cayó, pero poca cosa. No obstante fue divertido ver a toda la gente corriendo al refugio de los templos. Nosotros, equipados con chubasqueros, nos dedicamos a saludar a un mono en la puerta principal de Angkor Wat.


Para finalizar el día, y tras evitar que nuestro conductor de tuktuk aprovechara la lluvia como excusa para volverse antes de tiempo a Siem Reap, nos dirigimos a Banteai Kdei, que está al lado de un estanque donde los locales van a pescar para pasar el rato, así como Pre Rup, un templo con unas escaleras tremendas, pero con muy buenas vistas para la puesta de sol…


… pero como quedaba un par de horas todavía hasta el ocaso, decidimos volvernos a descansar a nuestra habitación, y a buscar un sitio para ir a cenar.

Encontramos en la zona central del pueblo un restaurante de cocina típica de allí, donde preparaban unos zumos y batidos de fruta de quitarse el sombrero, donde además tenían wifi gratis, así que plantamos allí la bandera y lo usamos como base secundaria. Allí volvimos al día siguiente a cenar, y al siguiente a comer mientras esperábamos para ir al aeropuerto.

Durante nuestro segundo día tuvo lugar la primera de las traiciones de la Lonely Planet. ..

El primer día de excursión nos habíamos centrado en los templos que estaban más alejados y habíamos reservado el "núcleo central" para el día siguiente, tres o cuatro templos todos bastante cercanos.


Así que, animados por las indicaciones de la guía de que una de las mejoras formas de moverse entre los templos era andando, le indicamos a nuestro fiel tuk-tuk, que nos acercara a la zona de templos y que se tomara el resto del día libre, que iríamos por nuestra cuenta… meeec!! Craso error!

1) Uno de los templos imprescindibles, Ta Prohm, estaba un poco más lejos (3-4 km) de lo que habíamos calculado,
2) Al contrario que el día anterior, hacía un sol espléndido
3) Y lo más crítico: todo el mundo coge un tuk-tuk para todo el día, el 98% de los que ves en Angkor tienen "dueño". ¿Cómo vuelves a Siem Reap, si no hay ni uno libre? (sí, andar los 6+Km es una opción, sí…)

Al final acabas encontrando un taxi que te lleve por un precio razonable, pero no sin buscar mucho, regatear mucho, y tener que largar a muchos que te intentan tomar el pelo (sí, sí, os llevo a los dos en mi moto, que iremos súper cómodos… ¿casco? ¿qué es eso?).


Pero bueno, detalles aparte, también pasamos un buen día. Nos dimos un breve paseo en elefante, y los templos que vimos fueron espectaculares, desde Bayon, con sus 56 torres y 216 cabezas talladas (siempre hay una docena vigilándote desde cualquier punto del templo), hasta Phom Bahkeng, situado en lo alto de una colina, otro buen lugar para ver el atardecer.



El ya mencionado Ta Prohm también era visita obligada, medio devorado por los árboles. Uno de ellos es apodado cariñosamente "el árbol de Tomb Raider", debido a unas escenas que Angelina Jolie rodó allí para la última entrega de Indiana Jones


(es broma)
(lo de Indiana, no lo de Tomb Raider)

Una vez conseguimos nuestro nuevo tuk-tuk, volvimos al a Siem Reap a retomar fuerzas para el día siguiente. Teníamos el avión a Hanoi por la tarde, y había que aprovechar la mañana.

Y al día siguiente, como estábamos muy cansados y algo saturados de templos, decidimos que la mejor forma de aprovechar el tiempo era relajarnos, acabar de confirmar los hoteles para Vietnam (incluida conversación de besugos por el skype que se entrecortaba), e ir a comer tranquilamente a nuestro restaurante habitual, esperando a que nuestro querido "Ahrun" nos llevara d vuelta al aeropuerto en su siempre fiable tuk-tuk: solo nos dejó tirados sin gasolina una vez.


Menos mal que los puestos callejeros, además de chicles, vendían botellas rellenas de gasolina.

domingo, 23 de agosto de 2009

Sidney

Sídney

Corto pero intenso.
Llegamos al mediodía a la ciudad de Sidney. Tras hacer el check in en el hostal nos fuimos enseguida a dar un paseo por la ciudad. Fuimos a la zona del puerto, allí tenían expuestos barcos de distintas épocas. Preguntamos a uno de los guardas que se encontraba custodiando la entrada de los barcos y debimos pillarle algo aburrido, porque le preguntamos por un barco y nos acabó contando la historia completa de cada barco e incluso casi la historia de Australia. Estuvo bien e interesante, al hombre se le veía un apasionado del tema por cómo te contaba las cosas.

Tras estar allí un rato con el señor nos fuimos al acuario de sidney que era lo único que estaba abierto hasta tarde. Estaba bien montado. Pudimos disfrutar y contemplar distintas especies y por supuesto pude disfrutar de los hermosos tiburones que allí había, algunos de ellos, de los que habíamos visto buceando por la barrera de coral.

Estábamos agotados así que no tardamos en regresar al hostal.

Al día siguiente fuimos al mirador del tower sky. Lo pillamos con una carrera de subir a lo alto de la torre corriendo por las escaleras. Las vistas estaban bien pero tampoco eran espectaculares. Para empezar, si quiera se veía la opera.

Nos fuimos a dar un paseo por el jardín botánico. Allí nos llamó muchísimo la cantidad de murciélagos zorros voladores que había. Por los visto es una plaga que ha matado varios árboles del jardín y estaban pensando en trasladar a otro lugar todos aquellos quirópteros.
Me pareció una pasada verlos colgados y revoloteando a lo Batman.

http://www.youtube.com/watch?v=6KUH__b4pT8&feature=plcp


Nos dirigimos a la ópera. Carlos y yo coincidimos en que por la tele parecía que lucía más y que se veía más blanco. Pero la realidad es que es de un color marfil sucio.

Tras las oportunas fotos, cogimos un ferry para dirigirnos al zoo. Teníamos poco tiempo así que el recorrido fue algo estresante yendo a toda velocidad.
Estaba bastante chulo el zoo, muy grande y con muchísimos animales. Pudimos ver a una cría de elefante asiático que habían tenido en Julio. Fue entrañable ver al dumbito. También fue entrañable ver a los canguros con sus crías metidas en la bolsa.

Eran las 17 y cerraban el zoo, había que coger el ferry de vuelta pero se encontraba en la otra punta del zoo. Pasaban autobuses que te llevaban hasta el ferry pero nos tocó mucho las narices que tuviéramos que pagar, pues para entrar, si disponían de un servicio gratuito que te subía a lo alto del zoo. Y como somos muy orgullosos (ósea gilis) decidimos no pagar esos dos dólares por cabeza y hacer el trayecto a pie. Nos tocó correr porque veíamos que se nos iba el ferry y no nos apetecía esperar 30 minutos, así que ahí estábamos Carlos y yo corriendo para llegar a tiempo. Hubo suerte, fuimos los últimos, pero con la lengua fuera conseguimos llegar a tiempo.

Estábamos agotados del día que había sido un sin parar y encima con estrés. Era de noche y tarde así que regresamos al hostal.
El hostal, el que ellos mismo se vanagloriaban en decir que era el mejor hostal del mundo y que habían ganado premios, dejaba mucho que desear. Para empezar la cocina, al menos cuando fuimos nosotros, era un desastre. Vale, se supone que la gente debería recoger sus cosas cuando las usa. Pero no es mi problema, yo llego a una cocina de uso común y me gustaría que estuviera un mínimamente decente. Segundo, para ser el mejor hostal, el hecho de que no tuvieran wireless era algo que dejaba mucho que desear. Mucha tele de plasma por las plantas, pero si querías conectarte, tenías que ir a la recepción.
Tercero. Lo que te apetece por la noche es dormir, y más siendo el mejor hostal del mundo ejem… La gente es muy irrespetuosa y a las 3 de la mañana con cachondeo en el pasillo. Me toco salir para pedir que por favor se callaran. Tienen cámaras por los pasillos, pues si ven gente de cháchara a esas horas, que suban a darles un toque, o que a la gente que viene de turismo fiestero, les pongan en una misma planta que el edificio tenía 5 plantas.
Lo que colmó el vaso fue las 4:30 de la mañana que un gilipollas llamó a la puerta. Un anormal preguntando si en la habitación había una sueca. Tras decirle, con cara de incredulidad que ahí no había nadie y que no eran horas de llamar a ninguna puerta, encima el capullo contesta ofendido que solo estaba preguntando. A eso Carlos por supuesto le dio un portazo en la cara.
Así que nada, por supuesto dejamos reflejadas nuestras oportunas opiniones al mejor hostal del mundo.

Algo que me llamó muchísimo la antención, fue la cantidad de orientales que había, en su mayoría chinos. Realmente parecía que estuvieras en China pues de cada 10 personas 6 eran orientales.

Sobre todo lo que he visto en Sidney, es que es una gran ciudad y si te gusta la fiesta y la juerga nocturna, éste es un buen sitio. Por lo tanto, Carlos y yo sobrábamos :p

PD: Ya colgaré fotos porque por aquí la conexión va excesivamente lenta

sábado, 22 de agosto de 2009

Kaikoura, Akaroa y último día en Christchurch

Kaikoura

Teníamos claro desde que empezamos nuestro viaje, hacer una parada en Kaikoura para poder vivir la experiencia de nadar entre delfines.
Llegamos pasadas las 22 a la ciudad. Fuimos directos al camping recomendado por la lonely, y como en otras ocasiones, la recepción estaba cerrada así que simplemente nos metimos y aparcamos donde estimamos oportuno.
Al día siguiente había que levantarse pronto, antes de que abrieran la recepción, tras mirar y buscar algún “buzón de la honestidad”, (en otros campings ya habíamos hecho uso, si la recepción estaba cerrada y habías hecho uso de las instalaciones del camping, simplemente dejabas el dinero metido en un buzón), pero en este caso no encontramos ninguno, y que conste, tras mucho mirar. Así que nada, esa noche nos salió gratis. No es nuestro problema si no lo tienen bien gestionado.
Como detalle curioso decir que encontramos en el camping una revista de NZ donde salía Pablo Motos. Curioso.

A las 8 debíamos estar en el centro donde se llevaba a cabo la actividad. Allí coincidimos con cuatro españoles todos ellos de Madrid.
Nos dieron el equipo correspondiente. El traje de neopreno de bastante espesor pues la temperatura del agua era de unos 8 ºC. Para la cabeza también nos dieron un capuchón con lo que solo quedaba expuesta la cara. Pese a todo el equipo, hacía mucho frío.


Cogimos el barco y nos dirigimos hacia el lugar donde se encontraban los delfines.
Íbamos todos con la idea de encontrarnos con tres o cuatro delfines, pero cuál fue nuestra sorpresa al llegar cuando nos encontramos con cientos de delfines. No dábamos créditos y estábamos todos aluciando con aquello.







Todos sentados en la parte trasera del barco para en cuanto sonara la bocina, dejarnos caer al agua, justo por delante de la trayectoria que seguían los delfines.

Imaginaros que pasada. Estábamos rodeados de cientos de delfines. Los veías pasar por debajo de tuya, por el lado, te rozaban, nadaban a tu lado… una experiencia increíble.



Hacíamos ruiditos imitándolos porque nos habían dicho que los llamaba la atención, y ahí estábamos todos como unos gansos haciendo ruidos extraños bajo el agua para reclamar su atención. La cosa es que funcionaba.
Lo que también funcionaba era el nadar haciendo círculos hacia fuera. Al delfín debía llamarle la atención y parecerles un juego, porque te seguía.
Tras pasar toda la tropa de delfines suena nuevamente la bocina, eso significaba subirse rápidamente al barco para ir nuevamente a su encuentro y situarnos delante de su ruta y echarnos nuevamente al agua.
Bocina y al agua otra vez. Aquello era una maravilla. Verte rodeado de esos fantásticos animales ha sido una de las experiencias más bonitas que hemos tenido. Fue algo formidable. La lástima era el frío, yo la cara la tenía congelada. Además, como quería echar fotos y verlos desde el barco, aproveché el siguiente bocinazo para quedarme en la cubierta mientras el resto se preparaba para el siguiente encuentro.


Era una pasada verlos desde el barco. Mientras íbamos a su encuentro y los nadadores se encontraban en la parte de atrás sentados esperando para lanzarse, yo pude verlos nadar a toda velocidad junto al barco.





Pude disfrutar y fotografiar sus acrobacias. Distinguir a los bebes delfines que iban pegados a sus madres. Me encantó aquello.






También pudimos ver alguna foca nada y saltar por el agua, muy gráciles ellas también. Y tuvimos la suerte de ver Albatros pasar a ras del barco.


Me encantaría poder volver a Nueva Zelanda en verano para ver la otra cara, y si alguna vez lo pudiera hacer, Kaikoura estaría dentro de mis paradas obligatorias para nuevamente poder vivir esta experiencia tan increíble.

Por la tarde nuevamente un barco. En esta ocasión íbamos a ver ballenas. Concretamente la ballena Cachalote conocida por la ballena de Moby Dick o la de Pinocho. La ballena con dientes más grande que existe.




Tras un rato surcando las aguas, tuvimos la suerte de divisar una. No fue tan de cerca como las que vimos en Boston, pero estuvo bien. Además, como la ballena no tardó en sumergirse, estuvimos poco rato así que nos devolvieron el 60 % de lo que habíamos pagado así que nos quedamos tan contentos.

Fuimos a ver más focas que se encontraban en la orilla y los tenías cerquita y me entretuve dando de comer a las gaviotas.




Había que regresar a Christchurch, era día 18 y nuestro avión salía el 20 así que el día anterior debíamos quedarnos por los alrededores.
Tres horas de coche y nuevamente estábamos en Christchurch, ciudad desde donde empezamos.


Akaroa

Al día siguiente decidimos aprovechar para ir a Akaroa. Estaba cerquita de Christchurch y la lonely lo ponía como un lugar muy bonito. Tenía también lo de bañarse con delfines, que era nuestra segunda opción en caso de no hacer lo de Kaikoura (menos mal que si lo hicimos porque nada que ver) Además tenían un crucerito por la bahía donde te acercaban a la naturaleza y que pintaba bien.
La ruta para llegar al pueblo era preciosa, no hacíamos más que parar para hacer fotos. El pueblo de Akaroa está por lo visto situado en un antiguo cráter y las vistas desde arriba con el mar metido era realmente bello.
Llegamos al pueblo y lo primero fue ir a darnos el “capricho” de comer algo decente. No es que hubiéramos comido mal, pero durante este tiempo en NZ todo habían sido latas y comida preparada, así que estábamos con ganas de comida de verdad.
Los sevillanos de Franz Josef nos habían aconsejado probar los mejillones verdes, y eso hicimos, nos pedimos medio kilo de mejillones verdes y una ensalada de contrastes raros pero que estaba buenísima. Todo delicioso. Pero tuvimos que comerlo rápidamente pues teníamos nuestro crucero por la bahía de Akaroa.

Menos mal que no hicimos aquí lo de los delfines porque no hay color con Kaikoura. Aquí vimos dos delfines y con suerte. Por lo visto en esta zona era los delfines Héctor, y como mucho, podías ver dos o tres. No entiendo porque lonely planet omite este detalle y las equipara a las dos. Pero bueno, lo dicho, menso mal que hice el de Kaikoura.






Pero el crucero estuvo muy bien, vimos de todos. Aparte de los delfines Héctor, pudimos ver pingüinos nadando, pájaros de todos tipo, focas e incluso tuvimos la suerte de ver una ballena Yubarta.





Tocaba regresar a Christchurch y como andábamos bien de tiempo decidimos hacer la vuelta por la carretera de ruta escénica. Era una pasada aquello.


En esta foto estaba preguntando por Christchurch, pero no me supo responder. Sinceramente creo que andaba algo perdida la pobre






Nuestra última noche en nuestra súper van. La verdad es que nos hizo un gran servicio y yo recomiendo a todo aquel que vaya a nueva Zelanda que viaje con caravana. Es muy, pero que muy práctico y se agradece muchísimo.
Al día siguiente me despedí de la Pornvan como cariñosamente la llamábamos, y nos fuimos a entregarla.


En el lugar de entrega pudimos ver otras van, cada una de ellas con una inspiración distinta. Sí, puede que exteriormente fueran más bonita, pero loo más importante es el interior de uno y en ese aspecto, nuestra pornvan era la mejor :p



Nuevamente con las mochilas a cuestas y nuevamente avión. Viaje a Sídney para pasar un par de días.