Camboya es un pequeño reino (el rey es rey "porque-yo-lo-valgo") con una larga historia de conflictos internos (dictaduras, guerras civiles) y externos (han sido invadidos varias veces por distintos países de forma consecutiva), y que lleva relativamente poco tiempo en paz.
Nuestro objetivo allí era visitar Angkor, un enorme conjunto de antiguos templos perdidos en medio de la selva, que parecen sacados de una película de Indiana Jones. Los templos se construyeron entre los siglos IX y XV, y se encontraban en la ciudad del mismo nombre, que apenas contaba con un millón de habitantes, en una época en la que Londres presumía de alcanzar los cincuenta mil.
De la ciudad solamente quedan en pie los templos, ya que según las creencias del imperio Khmer, solamente los dioses tenían derecho a morar en casas de piedra, así que del resto de la ciudad, construida en madera, no queda absolutamente nada.
Los templos fueron "redescubiertos" a finales del siglo XIX por una expedición francesa (entre comillas: unos monjes budistas tenían allí su monasterio, y exploradores portugueses los habían encontrado 200 años antes).
En cualquier caso, los templos son espectaculares, nos resultaron especialmente atractivos aquellos que no estaban completamente restaurados y seguían medio devorados por la selva. No todos los días se ven árboles de 20 metros surgiendo como champiñones de lo alto de un muro de piedra.
Nuestra querida Lonely Planet recomendaba como mínimo absoluto 3 días para explorar la zona, idealmente 5 e incluso sugerían quedarse una semana… Nosotros todavía nos estamos preguntando a qué se dedicaba el autor a partir del tercer día, sobre todo teniendo en cuenta la graaaaan variedad de actividades a hacer en Siem Reap. A no ser que realmente se tenga un gran interés en la historia y la arquitectura de los templos, o si te da por hacer las visitas a pie (más sobre eso luego…), con 2 días se tiene suficiente para ver la gran mayoría de los templos de interés para el "turista estándar".
El caso es que aterrizamos un viernes por la noche en la Ciudad de Siem Reap, al norte del país y que se utiliza como campamento base para explorar los templos, que están a unos escasos 6 kilómetros de distancia.
El hotel envió a recogernos al aeropuerto un tuk-tuk. El conductor, cuyo nombre sonaba algo así como "Ahrun", se convertiría en nuestro guia-chofer durante los próximos días, y con quien tuvimos oportunidad de practicar el noble arte de regatear las tarifas (estamos seguros que él salió ganando por goleada).
Tras un breve recorrido llegamos al "Mom's Guesthouse" donde nos ibamos a alojar. No pintaba nada mal el sitio, y tras quedar con nuestro taxista a una hora para el día siguiente nos fuimos a dormir.
Nos llamó mucho la atención ver que había varias personas, incluido Ahrun, que dormían en la puerta del hostal, a la intemperie, con la única protección de una mosquitera con forma de tienda de campaña para evitar las picaduras (toda Camboya es zona de riesgo de malaria).
El primer día de templos fue muy intenso, y gracias al tuktuk, que nos llevaba a un templo, nos esperaba, y nos llevaba al siguiente, pudimos aprovechar y ver un montón de sitios.
Nuestro primer contacto fue Banteay Srei, un pequeño templo construido con piedras rosadas y lleno de tallas y relieves hasta el último milímetro.
Después siguieron otros como Ta Som, nuestro primer contacto con un árbol-subido-encima-del-muro, o Preah Neak Pean, situado en medio de la reserva de agua que abastecía la ciudad, y con una piscina en su zona central (llena en la temporada de lluvias), y del que la Lonely comentaba que sería un diseño ideal para la piscina de un hipotético Hotel Camboya en Las Vegas.
Preah Khan fue el siguiente templo que visitamos y uno de los que más nos gustó. Enorme, lleno de piedras caídas, nos tomamos nuestro tiempo en ir recorriendo sus pasadizos e imaginándonos cómo tenía que haber sido en su día.
No tardamos mucho en darnos cuenta de que a los niños que corrían detrás de ti ofreciéndote postales, pulseras y libros, les hacía más felices un chicle o un caramelo, que comprarles algo. Ese mismo día por la noche Sonia compró una bolsa de mentos para poder repartir unas sonrisas al día siguiente.
Hablando del tema resultaba chocante ver tal cantidad de niños de todas las edades siguiendo a los turistas. Por lo visto es una de las formas que tienen las familias de obtener algo de dinero para que puedan pagarse la escuela (además de aprender idiomas, raro era el que no chapurreara español o francés, además de inglés…).
Según habíamos leído, al menos así podían asistir la mitad de los días a clase (se paga diariamente)… una media mucho mejor que tantos otros lugares con estos niveles de pobreza.
Tras una breve parada para ir a comer en un restaurante-para-turistas (aka, comida mala y cara), nos dirigimos al templo más famoso e icónico de Angkor: Angkor Wat, el edificio religioso más grande del mundo.
La foto que tiene desde fuera es espectacular, pero nos decepcionó un poco cuando entramos a explorarlo. Paradójicamente, está tan bien cuidado, restaurado y conservado que nos pareció que perdía parte del encanto que tienen otros templos en peor estado.
Llevaba unas horas amenazando lluvia, y finalmente algo cayó, pero poca cosa. No obstante fue divertido ver a toda la gente corriendo al refugio de los templos. Nosotros, equipados con chubasqueros, nos dedicamos a saludar a un mono en la puerta principal de Angkor Wat.
Para finalizar el día, y tras evitar que nuestro conductor de tuktuk aprovechara la lluvia como excusa para volverse antes de tiempo a Siem Reap, nos dirigimos a Banteai Kdei, que está al lado de un estanque donde los locales van a pescar para pasar el rato, así como Pre Rup, un templo con unas escaleras tremendas, pero con muy buenas vistas para la puesta de sol…
… pero como quedaba un par de horas todavía hasta el ocaso, decidimos volvernos a descansar a nuestra habitación, y a buscar un sitio para ir a cenar.
Encontramos en la zona central del pueblo un restaurante de cocina típica de allí, donde preparaban unos zumos y batidos de fruta de quitarse el sombrero, donde además tenían wifi gratis, así que plantamos allí la bandera y lo usamos como base secundaria. Allí volvimos al día siguiente a cenar, y al siguiente a comer mientras esperábamos para ir al aeropuerto.
Durante nuestro segundo día tuvo lugar la primera de las traiciones de la Lonely Planet. ..
El primer día de excursión nos habíamos centrado en los templos que estaban más alejados y habíamos reservado el "núcleo central" para el día siguiente, tres o cuatro templos todos bastante cercanos.
Así que, animados por las indicaciones de la guía de que una de las mejoras formas de moverse entre los templos era andando, le indicamos a nuestro fiel tuk-tuk, que nos acercara a la zona de templos y que se tomara el resto del día libre, que iríamos por nuestra cuenta… meeec!! Craso error!
1) Uno de los templos imprescindibles, Ta Prohm, estaba un poco más lejos (3-4 km) de lo que habíamos calculado,
2) Al contrario que el día anterior, hacía un sol espléndido
3) Y lo más crítico: todo el mundo coge un tuk-tuk para todo el día, el 98% de los que ves en Angkor tienen "dueño". ¿Cómo vuelves a Siem Reap, si no hay ni uno libre? (sí, andar los 6+Km es una opción, sí…)
Al final acabas encontrando un taxi que te lleve por un precio razonable, pero no sin buscar mucho, regatear mucho, y tener que largar a muchos que te intentan tomar el pelo (sí, sí, os llevo a los dos en mi moto, que iremos súper cómodos… ¿casco? ¿qué es eso?).
Pero bueno, detalles aparte, también pasamos un buen día. Nos dimos un breve paseo en elefante, y los templos que vimos fueron espectaculares, desde Bayon, con sus 56 torres y 216 cabezas talladas (siempre hay una docena vigilándote desde cualquier punto del templo), hasta Phom Bahkeng, situado en lo alto de una colina, otro buen lugar para ver el atardecer.
El ya mencionado Ta Prohm también era visita obligada, medio devorado por los árboles. Uno de ellos es apodado cariñosamente "el árbol de Tomb Raider", debido a unas escenas que Angelina Jolie rodó allí para la última entrega de Indiana Jones
(es broma)
(lo de Indiana, no lo de Tomb Raider)
Una vez conseguimos nuestro nuevo tuk-tuk, volvimos al a Siem Reap a retomar fuerzas para el día siguiente. Teníamos el avión a Hanoi por la tarde, y había que aprovechar la mañana.
Y al día siguiente, como estábamos muy cansados y algo saturados de templos, decidimos que la mejor forma de aprovechar el tiempo era relajarnos, acabar de confirmar los hoteles para Vietnam (incluida conversación de besugos por el skype que se entrecortaba), e ir a comer tranquilamente a nuestro restaurante habitual, esperando a que nuestro querido "Ahrun" nos llevara d vuelta al aeropuerto en su siempre fiable tuk-tuk: solo nos dejó tirados sin gasolina una vez.
Menos mal que los puestos callejeros, además de chicles, vendían botellas rellenas de gasolina.