Sídney
Corto pero intenso.
Llegamos al mediodía a la ciudad de Sidney. Tras hacer el check in en el hostal nos fuimos enseguida a dar un paseo por la ciudad. Fuimos a la zona del puerto, allí tenían expuestos barcos de distintas épocas. Preguntamos a uno de los guardas que se encontraba custodiando la entrada de los barcos y debimos pillarle algo aburrido, porque le preguntamos por un barco y nos acabó contando la historia completa de cada barco e incluso casi la historia de Australia. Estuvo bien e interesante, al hombre se le veía un apasionado del tema por cómo te contaba las cosas.
Tras estar allí un rato con el señor nos fuimos al acuario de sidney que era lo único que estaba abierto hasta tarde. Estaba bien montado. Pudimos disfrutar y contemplar distintas especies y por supuesto pude disfrutar de los hermosos tiburones que allí había, algunos de ellos, de los que habíamos visto buceando por la barrera de coral.
Estábamos agotados así que no tardamos en regresar al hostal.
Al día siguiente fuimos al mirador del tower sky. Lo pillamos con una carrera de subir a lo alto de la torre corriendo por las escaleras. Las vistas estaban bien pero tampoco eran espectaculares. Para empezar, si quiera se veía la opera.
Nos fuimos a dar un paseo por el jardín botánico. Allí nos llamó muchísimo la cantidad de murciélagos zorros voladores que había. Por los visto es una plaga que ha matado varios árboles del jardín y estaban pensando en trasladar a otro lugar todos aquellos quirópteros.
Me pareció una pasada verlos colgados y revoloteando a lo Batman.
http://www.youtube.com/watch?v=6KUH__b4pT8&feature=plcp
Nos dirigimos a la ópera. Carlos y yo coincidimos en que por la tele parecía que lucía más y que se veía más blanco. Pero la realidad es que es de un color marfil sucio.
Tras las oportunas fotos, cogimos un ferry para dirigirnos al zoo. Teníamos poco tiempo así que el recorrido fue algo estresante yendo a toda velocidad.
Estaba bastante chulo el zoo, muy grande y con muchísimos animales. Pudimos ver a una cría de elefante asiático que habían tenido en Julio. Fue entrañable ver al dumbito. También fue entrañable ver a los canguros con sus crías metidas en la bolsa.
Eran las 17 y cerraban el zoo, había que coger el ferry de vuelta pero se encontraba en la otra punta del zoo. Pasaban autobuses que te llevaban hasta el ferry pero nos tocó mucho las narices que tuviéramos que pagar, pues para entrar, si disponían de un servicio gratuito que te subía a lo alto del zoo. Y como somos muy orgullosos (ósea gilis) decidimos no pagar esos dos dólares por cabeza y hacer el trayecto a pie. Nos tocó correr porque veíamos que se nos iba el ferry y no nos apetecía esperar 30 minutos, así que ahí estábamos Carlos y yo corriendo para llegar a tiempo. Hubo suerte, fuimos los últimos, pero con la lengua fuera conseguimos llegar a tiempo.
Estábamos agotados del día que había sido un sin parar y encima con estrés. Era de noche y tarde así que regresamos al hostal.
El hostal, el que ellos mismo se vanagloriaban en decir que era el mejor hostal del mundo y que habían ganado premios, dejaba mucho que desear. Para empezar la cocina, al menos cuando fuimos nosotros, era un desastre. Vale, se supone que la gente debería recoger sus cosas cuando las usa. Pero no es mi problema, yo llego a una cocina de uso común y me gustaría que estuviera un mínimamente decente. Segundo, para ser el mejor hostal, el hecho de que no tuvieran wireless era algo que dejaba mucho que desear. Mucha tele de plasma por las plantas, pero si querías conectarte, tenías que ir a la recepción.
Tercero. Lo que te apetece por la noche es dormir, y más siendo el mejor hostal del mundo ejem… La gente es muy irrespetuosa y a las 3 de la mañana con cachondeo en el pasillo. Me toco salir para pedir que por favor se callaran. Tienen cámaras por los pasillos, pues si ven gente de cháchara a esas horas, que suban a darles un toque, o que a la gente que viene de turismo fiestero, les pongan en una misma planta que el edificio tenía 5 plantas.
Lo que colmó el vaso fue las 4:30 de la mañana que un gilipollas llamó a la puerta. Un anormal preguntando si en la habitación había una sueca. Tras decirle, con cara de incredulidad que ahí no había nadie y que no eran horas de llamar a ninguna puerta, encima el capullo contesta ofendido que solo estaba preguntando. A eso Carlos por supuesto le dio un portazo en la cara.
Así que nada, por supuesto dejamos reflejadas nuestras oportunas opiniones al mejor hostal del mundo.
Algo que me llamó muchísimo la antención, fue la cantidad de orientales que había, en su mayoría chinos. Realmente parecía que estuvieras en China pues de cada 10 personas 6 eran orientales.
Sobre todo lo que he visto en Sidney, es que es una gran ciudad y si te gusta la fiesta y la juerga nocturna, éste es un buen sitio. Por lo tanto, Carlos y yo sobrábamos :p
PD: Ya colgaré fotos porque por aquí la conexión va excesivamente lenta
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