viernes, 21 de agosto de 2009

Glaciar Franz Josef




Franz Josef

Nuevamente tuvimos un poco de mala suerte con el tiempo.
Teníamos reservado para las 12 un paseo en helicóptero al glaciar de Franz Josef. El turno de las 10 de la mañana pudo salir pero justo para cuando nos tocaba a nosotros, el cielo se empezó a cubrir de una hermosa cantidad de nubes grises.
Es lo que tiene cuando estás en una zona donde por lo visto cae tanta agua como en el amazonas. Así tiene la vegetación que tiene


Decidimos ir a ver el Franz Josef por nuestra cuenta para verlo desde abajo, pero cuando vimos que había que cruzar un río donde te mojabas, decidimos apreciar su esplendor desde el seco asfalto.
Nos acercamos al glaciar de Fox Glaciar, pero también nos quedamos con ganas de acercarnos. Debido al peligro de avalanchas, estaba cortado el camino para turistas.

Mala suerte, cruzamos los dedos para que al día siguiente hiciera mejor.
Pero no, al igual que nos paso en el rafting, aunque no había lluvias, si una densa capa de niebla cubría gran parte de la montaña por lo tanto ir en helicóptero era inviable.
En aquel pueblo no había nada que hacer, era pequeñito y apenas había actividades. Como veíamos que al final nos quedábamos sin pisar el glaciar, decidimos coger una excursión de 5 horas que te llevaban andando desde abajo y subías un poco por el glaciar.

Al llegar a la falda del glaciar, nos facilitaron lo crampones. Unas suelas de pinchos que mediante unas tiras te enganchas a los zapatos y de ese modo no te resbalas pues vas hincando los pinchos en el hielo.

Era bonito, pero deslucía algo debido a la cantidad de barro que se desprendía de la montaña. El hielo no era tan blanco como el deseado. Pero pese a ello, también tenía zonas muy bonitas y fue una travesía chula por el hielo.



Por supuesto los pájaros Kea aprovechando para ver si los turistas les dábamos algo.



Tras la excursión, como nos dieron un vale descuento para unas piscinas de aguas termales, nos fuimos un rato a relajarnos.
Una gozada las piscinas al aire libre. Tenían tres piscinas. Una de 36ºC, otra de 38 y otra de 40ºC. En la última era para estar poco rato porque a mí personalmente me agobiaba tanto calor. Pero la de 36 y 38 eran ideales. Así que después de un día de frio por la nieve y hielo, y cansancio acumulado por la caminata, nada mejor que relajarse en unas piscinas de aguas calientes.


Al día siguiente nuestra última oportunidad para subir al helicóptero pues al día siguiente debíamos estar en Kaikoura.

Por fin lució un sol espléndido y pudimos hacer la excursión.

Nos alegramos un montón de haber esperado porque fue una excursión espectacular. Primeramente por el helicóptero, que yo nuevamente le eche morro y me pude poner delante, lástima que a Carlos no le dejaran.


Y segundo porque la caminata por el hielo, tan arriba del glaciar, era espectacular.

Nos metimos por grietas y cuevas de un blanco puro, tan puro, que se veía azul. Era espectacular.



Además, como hicimos migas con unos sevillanos la mar de simpáticos, (lo que me pude reír con su spanglish), aprovechábamos para hacernos fotos los unos a los otros.





Carlos tuvo un pequeño incidente cuando la capa de hielo se le resquebrajó bajo su pie izquierdo y metió toda la pierna en el agua. Por suerte llevábamos unas botas y pantalones impermeables.




Tras regresar de la excursión y sin entretenernos mucho, coche para dirigirnos a Kaikoura donde teníamos al día siguiente la actividad de nadar con los delfines. Una experiencia que resultó ser unas de las más increíbles que hemos realizado nunca

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